¿Para qué sirve la literatura?

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Mientras pensaba en cómo dar inicio a esta columna, varias fueron las interrogantes que me acosaron. ¿Es necesario escribir sobre libros y autores? ¿Cuál es la función de la literatura en nuestro tiempo? Y, la más importante: ¿Para qué sirve la literatura? Quise detenerme en esta última pregunta pues percibo un creciente escepticismo sobre los poderes del arte de escribir versos, novelas y ensayos, y estoy convencido de que esta reticencia a la lectura es una de las causas de la pobreza espiritual que aqueja a nuestra sociedad.

Nunca se había puesto en duda tanto como hoy si es que la literatura tiene alguna utilidad para el ser humano. En un pasado no muy lejano, esto se sobrentendía, y los esfuerzos de quienes la observaban con sospecha radicaban en minar su autoridad y no precisamente en ignorarla. ¿Por qué molestarse en socavar sus potestades si ésta no suponía una amenaza real para ciertos individuos que la veían como un obstáculo para sus propios intereses? He aquí una de sus mayores facultades: la literatura se opone a las arbitrariedades del poder. Allí donde las libertades y los derechos han sido oprimidos, la literatura manifiesta toda su fuerza combativa. Prueba de esto son los múltiples esfuerzos por acallar a quienes, por medio de la escritura de textos de ficción, denuncian las brutalidades cometidas por regímenes dictatoriales y gobiernos antidemocráticos.

Otro de sus poderes radica en ser capaz de instruir y de dar placer al mismo tiempo. No es una novedad que, para quien sabe apreciarla, la literatura proporciona largas e inestimables horas de entretenimiento, en las que somos introducidos a mundos muy similares al nuestro, o, de frentón, radicalmente opuestos. En compañía de seres tan complejos que sólo una imaginación desbordante es capaz de concebirlos, nos sumergimos en historias y fantasías que siempre dejan huellas en lo más profundo de cada uno de nosotros.  Pero esta diversión no es inocua. En este juego, la literatura cumple la función de aguzar nuestras capacidades, volviéndonos más perceptivos ante las deficiencias del mundo real.

La literatura también permite realizar reflexiones profundas en torno a problemas morales, al permitirnos, dentro de su campo, plasmar de manera libre y sin restricciones aquellas cosas que no podríamos poner en funcionamiento en la vida real debido a las polémicas que generarían o a los perjuicios que supondrían a la sensibilidad de otras personas. Con esto no quiero decir que no haya que tener respeto por determinados temas o situaciones, pero sí que la literatura posee un valor prefigurativo que tiene que ser utilizado como lugar de discusión para prevenir futuros errores y horrores.

En un aspecto más técnico, pero no por eso menos relevante, la literatura permite que el lenguaje se mantenga en movimiento. Al contribuir al crecimiento y desarrollo de una lengua, la literatura ayuda a crear una identidad y una pertenencia comunitaria: un idioma es, ante todo, una tradición.

A través de la lectura, nutrimos nuestra habla y hacemos más rica nuestra vida mental. Supliendo las insuficiencias del lenguaje, la literatura nos provee de herramientas para darle nombre a aquello que no tiene nombre. Al abastecer a nuestra sensibilidad de palabras y conceptos que antes no poseíamos, somos capaces de expresarnos mejor, y van apareciendo en nosotros ideas y sensaciones que no hubiésemos podido formular de no haber transitado por las páginas de una novela o la lectura de un poema.

Podría extender mis argumentos, pero creo que he dejado en claro mi punto: no podemos vivir sin literatura. La vida no será todo lo rica y desbordante que puede llegar a ser si no admitimos en ella a las fabulaciones y personajes que los novelistas y poetas han creado a lo largo de la historia. Tenemos que leer para conocernos mejor a nosotros y a los demás. Tenemos que leer porque nos ayuda a saber de qué somos capaces y qué hemos hecho mal. Tenemos que leer para ser mejores.

Lecturas sugeridas

-          Bloom, Harold. Cómo leer y por qué. Anagrama.

-          Calvino, Ítalo. Punto y aparte: ensayos sobre literatura y sociedad. Siruela.

-          Compagnon, Antoine. ¿Para qué sirve la literatura?. Acantilado.

-          Eco, Umberto. Sobre Literatura. Random House Mondadori.

-          Vargas Llosa, Mario. Cartas a un joven novelista. Alfaguara.

-          Vargas Llosa, Mario. La verdad de las mentiras. Alfaguara.

Claudio Marín Fuentes

Author: Claudio Marín Fuentes

Estudiante de literatura creativa en la Universidad Diego Portales y editor de la revista Grifo.

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